Unas se amontonaban en hacinas, a la espera de su turno, y, otras, se desataban y se extendían en círculo formando la parva que se calentaba al sol.
Realmente se trata de piezas líticas, lascas y, sobre todo hojas de obsidiana y sílex, reconocibles a través del tipo de desgaste que sufren.
Si se desparramaba, se rastrillaba y barría para rehacer el círculo de la trilla y, si se podía, se eliminaba todo el bálago posible.
Esta tablilla, que se conserva en el Ashmolean Museum de Oxford, tiene representaciones de trillos en sus dos caras, junto a símbolos numéricos y otros pictogramas.
Como se menciona en diversas ocasiones, no todos los trillos tienen el vientre con piedras, sino que muchos tienen cuchillas, más bien sierras de hierro, generalmente sujetas entre los listones, todo a lo largo del trillo; más algunas sierras más pequeñas, incrustadas aquí y allá.
Al parecer, los trillos de rastro y los de rodillo eran habitualmente un instrumento para torturar y matar a los prisioneros de guerra.
A veces esta labor se hacía con un trillo distinto llamado «de ruedas» o «de corte» (que estaba provisto de una serie de rodillos con cuchillas metálicas transversales).
Pues bien, estos dos profesores han sido capaces, por medio de experimentos y análisis con microscopio electrónico de barrido, de determinar que algunas piezas líticas se usaron como elementos de hoz y otras, en cambio, eran parte de los trillos.
