Pueblo gitano

Se denominan gitanos, romaníes, zíngaros, rom, sinti o pueblo gitano a una comunidad o etnia originaria del subcontinente indio, que data de los Reinos medios de la India, con rasgos culturales comunes aunque con enormes diferencias entre sus subgrupos.
Se encuentran asentados principalmente en Europa, ya que de hecho son la mayor minoría étnica de la Unión Europea, aunque están presentes también, pero en menor proporción, en el resto del mundo. El Día Internacional del Pueblo Gitano se celebra el 8 de abril, recordando aquel día de 1971 en Londres donde se instituyó la bandera y el himno de la Comunidad.
El término "gitano" es mayoritario en español y se recogen significados positivos, aunque también connotaciones peyorativas. Es el término que los propios gitanos de España usan para autodenominarse, frente al término "payo", con que designan a los pueblos y etnias no gitanos. Esta circunstancia ha originado en España una propuesta reciente para sustituir este término por romaní o simplemente «rom» (en romaní: ‘hombre’ o ‘marido’). A escala internacional existe asimismo una propuesta común para utilizar "rrom", tanto como nombre del pueblo como del idioma, si bien no hay todavía acuerdo acerca de la existencia o no del doble fonema «r-r» en las lenguas gitanas centroeuropeas.
En el caso de España puede usarse igualmente el término «calé» para referirse a la persona, o «caló» para referirse a la variante lingüística propia.
La palabra «gitano» procede de «egiptano», porque en el siglo XV se pensaba que los gitanos procedían de Egipto. Cuando llegaron a Europa, muchos grupos de gitanos se presentaban a sí mismos como «nobles egipcianos»; así, en 1425, dos romaníes solicitaron un salvoconducto al rey Juan II de Aragón, en el cual se hacían llamar «condes del Egipto Menor». La palabra «calé» parece proceder del indostaní «kâlâ», que significa «negro».
Dado que se pueden encontrar en multitud de países de todo el mundo, existen una gran variedad de etnónimos. Los principales son los siguientes:
Sin embargo, continúa siendo un desafío polémico para la antropología, la historia y la sociología a la hora de explicar sus orígenes, su evolución en el tiempo y sus estrategias de supervivencia en sociedades dentro de las cuales siempre son minoritarios.
La opinión más extendida afirma, a partir de análisis genéticos y lingüísticos y a la vista de los documentos conservados, que proceden de la región del Panyab, conocida en español como "Punjab", más precisamente de zonas comprendidas entre India y Pakistán. Los datos lingüísticos, en concreto, apuntan a que los antepasados de los gitanos vivieron en el noroeste de la India, antes de migrar al Occidente pasando por la costa sur del mar Caspio. Se desconoce si con anterioridad habían migrado de otro lugar aún más remoto. También se ignoran las causas exactas de su migración hacia el oeste, que se produjo en torno al siglo XI. Tras una estancia al norte de Persia, se desplazaron nuevamente hasta Asia Menor, donde se asentaron durante el siglo XIV. La inestabilidad política provocó el primer éxodo fielmente documentado hacia el oeste y el sur: una rama del pueblo gitano se internó en la Europa Central y otra descendió hasta el norte de África. La entrada de los gitanos en Europa se documenta a partir de los primeros años del siglo XV. A fines de ese siglo, la ruta del sur y la del norte ya se habrían unido en algún punto del sur de Europa (en Francia o España).
En España se cree que llegaron hacia 1415, dispersándose y viajando después por todo el país. Las relaciones entre la población local y los gitanos fueron en general buenas durante el siglo XV. Sin embargo, a partir de 1469, con la llegada de los Reyes Católicos al trono, la situación cambió del todo, presumiblemente a causa de la búsqueda de la homogeneidad cultural en España, lo cual era la característica propia de la unión de las dinastías hispánicas. Las autoridades dieron a los gitanos un plazo de dos meses para que tomaran un domicilio fijo, adoptaran un oficio y abandonasen su forma de vestir, sus costumbres y su idioma, bajo pena de expulsión o esclavitud. Se buscaba la unificación de los súbditos en toda la Península, siendo el ideal al alcanzar la centralización del poder político, la existencia de una única religión, una única lengua, una única cultura y, por consiguiente, una única manera de ser. De tal manera, las Cortes de Castilla de 1594 emitieron un mandato tendente a separar a los «gitanos de las gitanas, a fin de obtener la extinción de la raza», vaticinando la política de las prácticas de esterilización que seguirían otros monarcas europeos de la Edad Moderna. Antes, en la Navidad de 1571/1572, se produjo una primera redada contra gitanos varones y, posteriormente, aunque se desechó en 1611 la idea de expulsar a los gitanos de los territorios peninsulares de la corona, en 1633 se promulgó una nueva pragmática, por la que se negó a los gitanos el carácter de nación y se prohibió incluso el uso del término gitano en el reino. Poco después, en 1639, se volvió a organizar una nueva redada de gitanos varones con el fin de destinarlos a galeras para hacer frente a la campaña de Cataluña.
Un acontecimiento hoy casi olvidado y escasamente estudiado por los historiadores es la Gran Redada de 1749, también conocida como "Prisión general de Gitanos", una operación autorizada por el rey de España Fernando VI y organizada por el Consejo de Castilla a través de su presidente Vázquez de Tablada y del marqués de la Ensenada, que se inició de manera sorpresiva y sincronizada en todo el territorio español el miércoles 31 de agosto de 1749, con el objetivo inicial de arrestarlos y expulsarlos de los territorios peninsulares, medida que se desestimó finalmente, adoptándose el proyecto encaminado a extinguir la etnia gitana a través de separar físicamente hombres y mujeres, dándoles destinos útiles en los que emplearlos, en un encierro que había de durar hasta el fin de sus días. Las mujeres quedarían recluidas en casas de misericordia, como la de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, en tanto que los hombres lo serían en los arsenales. Finalmente, fueron puestos en libertad en junio de 1765 los gitanos supervivientes que se hallaban aún retenidos en estos complejos militares.
La discriminación legal hacia los gitanos puede observarse en pleno siglo XX, más precisamente en los artículos 4 y 5 del Reglamento de la Guardia Civil de 1943, donde se especifica que los gitanos debían ser vigilados de forma especial. Hacia 1960 la Iglesia católica anuncia comprometerse con la mejora de las condiciones de vida de la población gitana y pone en marcha iniciativas como el Secretariado Gitano de Barcelona, que durante la democracia serán continuadas por el movimiento asociativo gitano.
La situación de persecución, junto a todas las leyes y pragmáticas que los discriminaban y su valorado sentido de libertad propio, acentuó el carácter itinerante de los gitanos. Cerradas las puertas a la América española, éstas sólo se abrieron tras la promulgación de la pragmática de 1783, produciéndose a lo largo del siglo XIX una segunda migración masiva de gitanos hacia Europa y América, aprovechando las rutas europeas hacia el nuevo continente.
Los gitanos se vieron severamente perseguidos e incluso exterminados durante el siglo XX. La inestabilidad política y económica del este de Europa provocó, especialmente a fines del siglo, otra nueva movilización en masa de la comunidad gitana, todavía en curso, esta vez en dirección a la Europa central.
Los gitanos han tenido desde hace mucho un estilo de vida parcialmente nómada que les ha influido notablemente.
Una muestra de férrea identidad común es el uso de la palabra "payo", con la que designan a los que no son gitanos, en contraposición a los gitanos. Algunos gitanos emplean este término, generalmente con connotaciones peyorativas. Su etimología, según la Real Academia Española (RAE), es «pelayo» y no procede de la lengua gitana originaria. Según el periodista y comunicólogo Sergio Rodríguez, su etimología remite a "pagès", al ser los campesinos catalanes los primeros pobladores locales que el pueblo gitano encontró a su llegada a la Península.
Según Juan de Dios Ramírez Heredia, otro término extendido entre los gitanos para denominar a los no gitanos es "gadyè". Su forma escrita centroeuropea es "gaže" o "gadjè". De este término deriva "gachó", palabra muy utilizada en España para referirse a un individuo cualquiera (equivalente a ‘fulano’) y "gachí" (para referirse a una mujer). "Gadyè" es el sustantivo masculino plural, "gadyò" es masculino singular y "gadyì" es femenino singular. En España, los gitanos también pueden referirse a los no gitanos como "busnó" y "lacró".
La lengua gitana es el romaní, un idioma indoeuropeo.
Un estudio del año 2003, publicado por la revista "Nature", sugiere que el romaní está relacionado con el cingalés, todavía hoy hablado en Sri Lanka. En la actualidad, sin embargo, la mayoría de los gitanos del mundo habla la lengua del territorio en que habita, adaptándola mediante el fenómeno llamado pidgin. Según algunas autoridades las lenguas gitanas se agrupan de la siguiente manera:
Además, este idioma recoge en sí mismo el propio itinerario irregular de los gitanos durante los últimos mil años. Se pueden encontrar restos de vocabulario armenio ("grast", caballo), persa ("ambrol", pera; "angustr", anillo), eslavo ("ledome", congelado) y griego ("drom", camino; "kokalo", hueso), así como estructuras sintácticas de dialectos eslavos, del húngaro, del rumano, del alemán o del español.
Una de las causas que se relacionan con la exclusión e inadaptación de los gitanos es su tendencia a la itinerancia. La profesora Teresa San Román ha estudiado las diferentes medidas legislativas promulgadas por las autoridades españolas y ha comprobado cómo existió desde el principio una contradicción interna en la lógica de esas disposiciones: «La tendencia a la asimilación durante el siglo XVII y la primera mitad del XVIII es creciente, pero se limitaban los lugares donde poder asentarse, se restringen los oficios…». Los legalmente avecindados eran expulsados una y otra vez, y la lógica de sedentarización forzosa/expulsión se sucederá en todos los países y en todas las épocas.
La socióloga María Helena Sánchez recuerda que los castigos hacia la comunidad gitana recaían tradicionalmente sobre las poblaciones sedentarizadas, lo que hacía poco atractivo el asentamiento. Al mismo tiempo, la restricción en el ejercicio de oficios conlleva el ejercicio de profesiones itinerantes y estacionales. El nomadismo, en cierta medida, no es una causa, sino una consecuencia de la persecución y la marginación.
Son una comunidad muy diversificada, en el ámbito internacional, sin territorio propio definido, y en la práctica sin instituciones políticas o sociales propias hasta el último siglo. Idealmente, se conoce a la nación gitana como "Romanestán", concepto o reclamación similar en cierto modo al de otros pueblos o etnias sin Estado, como los kurdos y su "Kurdistán" o el del pueblo judío antes del establecimiento de Israel como territorio geográfico para este fin.
La lengua romaní tampoco presenta una homogeneidad o extensión que permita hablar de un único idioma transnacional gitano, pues las comunidades romaníes de los distintos países suelen adoptar o adaptar la lengua dominante del territorio en que se encuentran. Los romaníes de todo el mundo presentan diferentes características antropométricas, culturales y sociales que dificultan su categorización bajo una sola familia étnica, por lo que a menudo es difícil obtener datos fiables a partir de un censo común.
La población mundial de romaníes y su localización geográfica se desconoce con exactitud. La cifra más aceptada, procedente de datos agregados por países podría rondar los doce millones de personas, de los cuales diez se concentran en Europa. Algunas fuentes alcanzan hasta un total de cuarenta millones, al agregar la supuesta población gitana de la India, lo que demuestra de la alta dificultad de obtener datos fiables debido a su diversificación. Adicionalmente, algunos países carecen de un censo fiable de esta comunidad. También se achaca a su movilidad territorial, a la desconfianza hacia las instituciones, al deficiente y problemático planteamiento del recuento, a la simple desidia de la administración (por ejemplo, en el año 2003 todavía no existía un censo fiable de gitanos de La Rioja), o a las condiciones socioeconómicas de cada país, también con dificultades para censar a la población no gitana. Por otro lado, la realización de censos de gitanos es en algunos países, por razones de legalidad, imposible, al suponer una forma de discriminación. El último censo oficial completo de gitanos realizado a nivel estatal en España sigue siendo, por tanto, de fines del siglo XVIII, en concreto del año 1783.
El país con mayor número de gitanos del mundo es Turquía, en donde vivirían 2-5 millones.
Se dividen en dos grandes grupos: el grupo "Rom" y el grupo "Ludár". Los gitanos del grupo Rom llaman "boiás" a los gitanos del grupo Ludár; y éstos llaman "burbéts" (desde "gurbetçi" - "forastero", en idioma turco) a los gitanos del grupo Rom.
Son bilingües subordinados, el romaní es la lengua subordinante. En el plano fonético-fonológico, la entonación que caracteriza el habla gitana subyace a sus enunciados en español. La pronunciación de palabras como "iNglésia", iglesia, "ávto", auto o coche, etc., indica que el sistema fónico segmental del romanés interfiere de manera importante en el castellano hablado por los gitanos.
Otras dos características relevantes que presenta este bilingüismo son:
Así como se utiliza el término "español chileno" para señalar las características peculiares del español hablado por los chilenos, también se habla de un "español romaneizado".
Dentro del grupo Rom se pueden distinguir algunos subgrupos, los cuales tienen ciertos rasgos generalizadores, pero se encuentran fuertemente vinculados por costumbres y por sangre, por lo que es difícil establecer límites entre ellos. Algunos de estos subgrupos son los "káwicis", "koriánura", "invasórure", "cikaréstis", "badunícura", "khañárias", etc. Los gitanos Rom de Chile llaman a los gitanos de Argentina "leási" (desde "lǎieşi", otro nombre por el grupo romaní kalderash) y éstos a los gitanos de Chile "xoraxanés" o "xoraxái"
El número de gitanos en Colombia no está claro; y las estimaciones varían entre 5000 y 79 000. Fueron reconocidos recientemente como grupo étnico colombiano mediante la Resolución No. 022 del 2 de septiembre de 1999 expedida por la Dirección General de Etnias del Ministerio el Interior y de Justicia y luego, por el decreto 2957 de 2010 que concretó el reconocimiento de sus derechos. Son una población principalmente urbana, se encuentran distribuidos en kumpanias, que son “unidades variables de corresidencia y cocirculación que se asientan en barrios o se dispersan por familias entre las casas de los habitantes no gitanos en los sectores populares de las ciudades, y en segundo lugar en grupos familiares de tamaño variable que de todas maneras mantienen vínculos culturales y sociales con alguna de las kumpanias”. Se localizan principalmente en los departamentos de Atlántico, Bolívar, Norte de Santander, Santander, Valle del Cauca, Nariño y Bogotá. Se cree que los primeros en llegar al territorio procedentes de España lo hicieron en tiempos coloniales, siendo conocidos como "egipcios".
En España, por mandato constitucional no se permite formalmente la discriminación por raza o etnia, por lo que en los censos locales no existe ninguna referencia a los gitanos como tales, lo que impide tener constancia del número exacto de gitanos a través de esa fuente de información. Tradicionalmente, se han agrupado importantes comunidades de gitanos en España. Por comunidades autónomas, Andalucía cuenta con la mayor población de gitanos con cerca de 300 000, alrededor de un 3,3 % del total de la población de la comunidad. Su relevancia allí es tal que en octubre de 1996 el Parlamento de Andalucía declaró el 22 de noviembre "Día de los Gitanos de Andalucía". Ese día se conmemora su llegada en 1462 a Andalucía. Tras esta, son Cataluña, la Comunidad Valenciana, la Comunidad de Madrid e Islas Baleares las comunidades donde se concentra la mayor parte de la población gitana.
Es de destacar que el folclore gitano encontró hace ya muchos años su punto común con el cante de la tierra, dando lugar al arte flamenco. Este goza de una enorme popularidad en el país y es un recurso turístico de primer orden.
La inclusión social del pueblo gitano en España continúa siendo un problema endémico. Desde el inicio de la democracia española en 1978, los sucesivos gobiernos democráticos han venido adoptando diversas medidas integradoras con mayor o menor éxito, especialmente en las áreas de servicios sociales y de bienestar, intentando especialmente fomentar su integración y superar los problemas derivados de la pobreza y discriminación. Desde 1983, por ejemplo, el gobierno puso en marcha un programa para promocionar el derecho a la educación que incluía a las comunidades gitanas.
No se conoce con exactitud el número de gitanos que viven en México. La mayoría de ellos se dedica al comercio de telas, automóviles, camiones y joyas, incluyendo mercados públicos como La Lagunilla, en la Ciudad de México. Algunos viven del canto, la danza y leer la buena fortuna (“echar las cartas”). Su presencia es significativa en algunas zona de los Tuxtlas en el Estado de Veracruz, y en Guadalajara y Zapopan, en el Estado de Jalisco. En la última localidad viven más de 50 grupos familiares (clanes) gitanos. En la Ciudad de México, la colonia Del Valle es una zona con numerosos residentes de origen romaní. La comunidad tiene en ese barrio un templo cristiano evangélico (Calle Aniceto Ortega #842).
En la vida pública en México se ha destacado Alfonso Mejía-Arias, quien es un músico, escritor y político de origen gitano. Pablo Rafael Luvinoff Arróniz es un patriarca gitano, pastor y activista civil por los derechos de la minoría.
Las nuevas generaciones de romaníes mexicanos intentan mostrarse como parte de la diversidad cultural de este país. En tal esfuerzo por salir de la invisibilidad se ha publicado el libro "La lumea de noi. Memoria de los ludar de México" (2001), bajo la coordinación de Ricardo Pérez. En la obra se plasma la memoria histórica y la vida cotidiana de los ludar. En él se habla del papel que han cumplido como pioneros del cine ambulante en México, y se intenta reforzar la integración de la diversidad de los grupos romaníes a la sociedad mexicana. Además, se afirma que la mala fama causada por negocios sucios de algunos gitanos, afecta a toda la comunidad por generalizaciones injustificables.
Los propios romaníes se agrupan en diferentes divisiones, en función de diferencias territoriales, dialectales y culturales. Las cinco grandes familias gitanas son:
Cada una de estas familias puede subdividirse en dos o más subgrupos en virtud de su ocupación o el territorio de origen. Así, encontramos los siguientes términos: Machvaya (Machwaya), Lovari, Churari, Sinti, Rudari, Boyash, Ludar, Luri, Xoraxai, Ungaritza, Bashaldé, Ursari y Romungro.
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