Santísima Trinidad

La Trinidad es el dogma central sobre la naturaleza de Dios en la mayoría de las . Esta creencia afirma que Dios es un ser único que existe como tres personas distintas o hipóstasis: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Algunas confesiones minoritarias, como las iglesias unitarias, los testigos de Jehová y los pentecostales unicitarios, entre otros, rechazan esta creencia. Los mormones afirman creer en la Trinidad pero tienen una interpretación específica y radicalmente diferente del dogma mayoritariamente aceptado.
Existen tríadas de dioses desde la antigüedad histórica, tal vez por el carácter místico que algunas culturas tienen del número tres.
Las tríadas presentes en religiones o visiones filosóficas corresponden a fuerzas primordiales hipostasiadas o a aspectos del Dios supremo. Aunque las relaciones entre los diferentes términos de estas tríadas no sean siempre fáciles de discernir, parece claro que no han sido concebidas en ningún caso partiendo de un modelo como el de la Trinidad cristiana.
En algunas corrientes platónicas, se distinguen varios niveles de realidad, entre las que encontramos tres de gran importancia:
En otras ocasiones, la trinidad platónica es descrita como las ideas de "Bien", el resto de ideas inteligibles que proceden del Bien, y las ideas materializadas o mundo visible.
En el año , Tertuliano fue el primero en usar el término «Trinidad» ("Trinitas"). Anteriormente, Teófilo de Antioquía ya había usado la palabra griega τριάς "trias" (tríada) en su obra "A Autólico" para referirse a Dios, su Verbo ("Logos") y su Sabiduría ("Sophia"). Tertuliano, en uno de sus escritos polémicos dirigidos contra Práxeas, un seguidor de la doctrina cristiana conocida como «monarquianismo», "Adversus Praxeam II", diría que «los tres son uno, por el hecho de que los tres proceden de uno, por unidad de substancia».
La fórmula fue adquiriendo forma con el paso de los años y no fue establecida definitivamente hasta el siglo IV:
La definición del Concilio de Nicea, sostenida desde entonces con mínimos cambios por las principales denominaciones cristianas, fue la de afirmar que el Hijo era consustancial (ὁμοούσιον, "homousion", literalmente ‘de la misma sustancia’) al Padre. Esta fórmula fue cuestionada y la Iglesia pasó por una generación de debates y conflictos hasta que la «fe de Nicea» fue reafirmada en Constantinopla en 381.
En Nicea toda la atención se concentró en la relación entre el Padre y el Hijo, inclusive mediante el rechazo de algunas frases típicas arrianas mediante algunos anatemas anexados al credo; y no se hizo ninguna afirmación similar acerca del Espíritu Santo. Pero, en Constantinopla (381) se indicó que éste es adorado y glorificado junto con Padre e Hijo (συμπροσκυνούμενον καὶ συνδοξαζόμενον), sugiriendo que era también consustancial a ellos. Esta doctrina fue posteriormente ratificada por el Concilio de Calcedonia (451), sin alterar la sustancia de la doctrina aprobada en Nicea.
En la Biblia se encuentran alusiones tanto al Padre como al Hijo y al Espíritu Santo que se han presentado como menciones implícitas de la naturaleza trinitaria de Dios.
Fuera de los libros considerados canónicos, la fórmula trinitaria está presente en la Didaché, documento cristiano datado del siglo I por la mayoría de los estudiosos contemporáneos: «Os bautizaréis en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en agua viva (corriente). Pero si no tienes agua corriente, entonces bautízate en otra agua […]. Pero si no tienes ni una ni otra, entonces derrama agua sobre la cabeza tres veces en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Did 7,1-3).
Además de la polémica sobre la naturaleza de Jesús —si era humana, divina, o ambas a la vez—, de su origen —si eterno o temporal— y de cuestiones similares relativas al Espíritu Santo, el problema central del dogma trinitario es justificar la división entre “sustancia” única y triple “personalidad”. La mayoría de las iglesias protestantes, así como las ortodoxas y la Iglesia católica, sostienen que se trata de un misterio inaccesible para la inteligencia humana.
La Iglesia católica dice: “La Trinidad es el término con que se designa la doctrina central de la religión cristiana […] Así, en las palabras del Símbolo Quicumque: ‘el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, y sin embargo no hay tres dioses, sino un solo Dios’. En esta Trinidad […] las Personas son co-eternas y co-iguales: todas, igualmente, son increadas y omnipotentes […]”. Así, Dios se revela a sí mismo como una comunión de personas.
La Iglesia católica recuerda que este dogma fundamental de su fe fue definido en concilios ecuménicos celebrados en Oriente, lo cual es motivo de comunión con las Iglesias orientales.
La Iglesia ortodoxa griega dice de la Trinidad lo siguiente: «Dios es trino y uno. […] El Padre es totalmente Dios. El Hijo es totalmente Dios. El Espíritu Santo es totalmente Dios».
The Catholic Encyclopedia afirma que es un dogma y a la vez un misterio como sigue: «Un dogma tan misterioso presupone una revelación divina».
Las iglesias evangélicas definen que dentro de la unidad de Dios existen tres distintas personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Los tres comparten los mismos atributos y la misma naturaleza; por lo tanto, estos tres constituyen el único Dios.
Los mormones afirman creer en la Trinidad pero tienen una interpretación propia, radicalmente diferente del dogma mayoritariamente aceptado. Sostienen que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres Dioses que forman una divinidad. Estos tres seres componen la Trinidad. Presiden este mundo y todas las demás creaciones. Esos tres Dioses decidieron manifestarse , unirse y conformar la divinidad para realizar la salvación del hombre. Esta «divinidad» y el hombre comparten la misma naturaleza, son «sustancialmente iguales»: según esta doctrina, Dios Padre tiene una mujer, la «Madre celestial», con la que ha procreado hijos en el mundo espiritual; asimismo, Jesucristo y el Espíritu Santo son hijos de padres celestiales, procreados tras el inicio de la creación del mundo.
Según esta doctrina:
Según el Dogma católico definido en el Primer Concilio de Constantinopla (381), las tres personas de la Trinidad son realmente distintas pero son un solo Dios verdadero. Esto es algo posible de formular pero inaccesible a la razón humana, por lo que se le considera un dogma de fe. Para explicar este misterio, en ocasiones los teólogos cristianos han recurrido a símiles. Así, Agustín de Hipona comparó la Trinidad con la mente, el pensamiento que surge de ella y el amor que las une. Por otro lado, otros teólogos clásicos, como Guillermo de Occam, afirman la imposibilidad de la comprensión intelectual de la naturaleza divina y postulan su simple aceptación a través de la fe.
Tomás de Aquino usaba una imagen para ilustrar el misterio de la Trinidad:
Dentro del cristianismo, existen varias denominaciones cristianas que consideran que la Trinidad no es una doctrina que se encuentre en los textos evangélicos ni en el mensaje de Jesús. Ellos consideran que la Trinidad es producto del desarrollo teológico en siglos posteriores, bajo influencia del pensamiento filosófico griego, y constituye una deformación de las enseñanzas cristianas originales. De hecho, una cierta cantidad de eruditos y teólogos han expresado opiniones similares. Estos son:
Las Iglesias y congregaciones unitarias surgieron en el siglo XVI como parte del ala radical de la Reforma Protestante y su teología ha evolucionado, desde variantes de sabelianismo y arrianismo en sus orígenes, como las defendidas por autores tales como Miguel Servet y Fausto Socino, a un cristianismo ético y racional que evitaba todo tipo de dogmas. La primera formulación estructurada del credo sociniano se estableció en el Catecismo Racoviano (1605) polaco. Asimismo, el lema tradicional de las Iglesias unitarias de Europa Central de lengua húngara sigue siendo desde su fundación el de "Dios es Uno" ("Egy az Isten" en húngaro), en alusión a su rechazo de la idea trinitaria.
Los Testigos de Jehová aseguran que los cristianos del siglo I no tenían ninguna doctrina similar a la Trinidad y que la Biblia no da a entender esa doctrina. Afirman que Jesús nunca se refirió a Dios como una deidad que consistiera en una pluralidad de personas(Jn 17:5,26; 14:28 Mt 3:17 ) . Creen que Jesús es la única creación directa de su Padre y que se valió de su Hijo para crear todas las demás cosas. (Jn. 6:46; Col. 1:15; 1Cor. 8:6; 1Cor. 11:3; 1Cor. 15:28; Rev. 3:14). Los Testigos de Jehová creen que la doctrina de la Trinidad es pre-cristiana y procede de culturas como la egipcia, con su tríada de Horus, Osiris e Isis y la mesopotámica, con su tríada de Ishtar, Sin y Shamash.
Los Testigos de Jehová no tienen un concepto de Sustancia (gr.: Ousía) referida a la divinidad, sino que solo admiten el concepto hebreo de "Género" (leminóh), de modo que solo reconocen divinidad en Cristo en el sentido de que, según ellos, este sería un ser del mismo género que Dios (Heb 1:2,3 Col 1:15), es decir, un espíritu de cuerpo esplendente, pero no con iguales poderes, facultades, voluntad, identidad o memoria.
Afirman que la palabra "Dios" argumenta cualidades, poder o fuerza", basándose en que en hebreo la raíz de la palabra "Dios" (אֵל Êl), y sus derivados, significan "poderoso" y por extensión, afirman, podría ser usada para referirse a "magistrados" (Sal 82), "ángeles" (Sal 8:5 TNM, nota) y "profetas" (Éx 7:1). Ellos Afirman que Dios es el "Todopoderoso", y Jesús es solo un ser "Poderoso", por esto en su traducción de la biblia en Juan 1:1 lo vierten "el verbo era un dios" (Traducción del Nuevo Mundo), con el fin de resaltar las características de Jesucristo como un ser Divino(Poderoso).
Creen que el Espíritu Santo es el poder que Dios usa, la "Fuerza Activa", que, según sus creencias, eventualmente puede transmitir la mente de Dios, pero no es de su "género" ni una persona(Is 30:27,28; 59:18,19; 2 Cor:4:7 Mr1:10 Lu 5:17 Gén 1:2).