Suicidio

El suicidio (en latín: "suicidium", de "sui", sí mismo, y "caedĕre", matar) es el acto por el que una persona, deliberadamente, se provoca la muerte. Por lo general es consecuencia de desesperación, derivada o atribuible a una enfermedad física, enfermedad mental, como la depresión, el trastorno bipolar, la esquizofrenia, el trastorno límite de la personalidad, el alcoholismo o abuso de sustancias. A menudo influyen en él diversos factores estresantes como dificultades financieras o problemas en las relaciones interpersonales. Entre las medidas empleadas para prevenirlo se encuentran: limitar el acceso a los métodos, como armas de fuego y venenos, el tratamiento de la enfermedad mental subyacente o del abuso de sustancias y la mejora de las condiciones financieras. Aunque son comunes las líneas de crisis, hay poca evidencia sobre su efectividad.
Los métodos de suicidio varían por país y están parcialmente relacionados con su disponibilidad. Los más comunes son el ahorcamiento, envenenamiento por plaguicidas o manipulación de armas de fuego. Esta fue la causa de muerte de 842 000 personas en 2013, un considerable aumento en comparación con las 712 000 muertes por esta razón en 1990. Por lo anterior, el suicidio es la décima causa de muerte a nivel mundial. Es más común en hombres que en mujeres; los primeros tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades de suicidarse que las últimas. Se estima que cada año hay de 10 a 20 millones de intentos de suicidio. Los intentos fallidos pueden acarrear lesiones e incapacidades a largo plazo. Por su parte, los intentos son más comunes en jóvenes y en mujeres.
La visión del suicidio ha sido influenciada por diversos temas como la religión, el honor y el sentido de la vida. Tradicionalmente, las religiones abrahámicas lo consideran un pecado, debido a su creencia en la santidad de la vida. Durante la era de los samuráis en Japón, el harakiri era respetado como una manera de resarcir un fracaso o como una forma de protesta. El satí, actualmente una práctica ilegal, implicaba la inmolación de la viuda en la pira funeraria de su marido recién fallecido, ya fuera voluntariamente o por presión de la familia o la sociedad.
Aunque en diversos países el suicidio o su intento son considerados un delito, en la mayoría de los países occidentales no son punibles. Durante los siglos XX y XXI, el suicidio mediante inmolación fue utilizado en algunas ocasiones como forma de protesta, mientras que el kamikaze y los ataques suicida fueron y son empleados como una técnica militar o terrorista.
El suicidio es el «acto de quitarse deliberadamente la propia vida». Mientras que el intento de suicidio (también llamado comportamiento suicida no mortal) es la autoagresión llevada a cabo con la intención de morir que, sin embargo, no resulta en la muerte del individuo. El suicidio asistido consiste en la ayuda que una persona brinda a otra que desea acabar con su vida, ya sea por medio de los conocimientos o medios para hacerlo. En contraste, en la eutanasia la persona que ayuda a otra a finalizar su vida juega un papel más activo, por ejemplo al no instaurar o al suspender el tratamiento médico. La ideación suicida implica pensamientos sobre suicidarse «con diversos grados de intensidad y elaboración». En cierto punto, el uso de la palabra «cometer» al hablar de suicidio implica cierta connotación negativa. El Diccionario de la Real Academia Española define esta palabra como «[c]aer, incurrir en una culpa, yerro, falta, etc».
Entre los factores de riesgo de suicidio se incluyen: enfermedades psiquiátricas, abuso de sustancias, el estado psicológico, las situaciones culturales, familiares y sociales y la genética. Frecuentemente coexisten las enfermedades mentales y el abuso de sustancias. Otros factores de riesgo son: un intento de suicidio previo, la disponibilidad de medios para llevarlo a cabo, historia familiar de suicidios o la presencia de un traumatismo craneoencefálico. Respecto a la disponibilidad de un medio, se ha encontrado que las tasas de suicidio son mayores en hogares con armas de fuego. Asimismo, problemas socioeconómicos como el desempleo, la pobreza, la indigencia y la discriminación pueden desencadenar pensamientos suicidas. Entre el 15 y el 40% de los suicidas dejan una nota suicida. La genética es la causa de entre el 38 y el 55% de los comportamientos suicidias. Por otro lado, los veteranos de guerra tienen un mayor riesgo de suicidio debido, en parte, a una mayor incidencia de enfermedades mentales y problemas de salud relacionados con la guerra.
Se estima que la presencia de enfermedades mentales al momento del suicidio varía entre el 27 y más del 90% de los casos. De los pacientes ingresados a unidades psiquiátricas, el riesgo vitalicio de completar el suicidio es de alrededor de 8.6%. La mitad de las personas fallecidas por esta razón podrían haber padecido un trastorno depresivo mayor. Esta enfermedad y otros trastornos del estado de ánimo, como el trastorno bipolar, pueden incrementar hasta 20 veces el riesgo de suicidio. Otras condiciones implicadas son la esquizofrenia (14%), los trastornos de la personalidad (14%), el trastorno bipolar y el trastorno por estrés postraumático. Cerca del 5% de las personas con esquizofrenia mueren por suicidio. Los trastornos de la conducta alimentaria son también un importante factor de riesgo.
Un historial de intentos de suicidio previos es el mejor indicador de un eventual suicidio completado. Aproximadamente el 20% de los suicidas tuvieron un intento previo y, de estos, el 1% se suicidó al cabo de un año y el 5% al paso de 10 años. Comúnmente las autolesiones no tienen motivos suicidas y en su mayoría no representan un riesgo de suicidio. No obstante, algunos de los que realizan esta práctica se suicidan. En aproximadamente, el 80% de los suicidios completados, la persona acudió a un médico en el año anterior a su muerte; 45% lo hizo en el mes previo. Un estudio encontró que de 5894 fallecidos por suicidio, el 83% tuvo contacto con los servicios de salud mental en el año anterior a su fallecimiento.
El abuso de sustancias es el segundo factor de riesgo más común. Están asociados tanto el abuso crónico, como la intoxicación aguda. El riesgo incrementa cuando se combina con problemas personales, como el duelo. Por otro lado, el abuso de sustancias está asociado con algunos trastornos mentales.
La mayoría de las personas se encuentran bajo la influencia de drogas sedantes (como el alcohol o las benzodiazepinas) al momento de suicidarse; el alcoholismo está presente en entre el 15 y el 61% de los casos. Generalmente, los países con mayores tasas de uso de alcohol y mayor densidad de bares tienen tasas de suicidio más altas. Entre el 2.2 y el 3.4% de las personas tratadas por alcoholismo fallecen por suicidio. Comúnmente, los alcohólicos que intentan suicidarse son hombres, mayores y han intentado suicidarse previamente. Son suicidios entre el 3 y el 35% de las muertes por consumo de heroina. En adolescentes con abuso de alcohol, las disfunciones neurológicas y psicológicas pueden contribuir a incrementar el riesgo.
El abuso de cocaína y metanfetaminas tienen una alta correlación con el suicidio. En las personas que usan cocaína el riesgo es mayor durante la fase de abstinencia. En aquellos que emplean inhalantes también hay un significativo riesgo; 20% de las personas intenta suicidarse en algún momento y más del 65% lo ha considerado. Asimismo, fumar cigarros también implica cierto riesgo de suicidio. No obstante, hay poca evidencia de por qué sucede esto; se ha conjeturado que aquellos con predisposición a fumar también tienen predisposición al suicidio, que el fumar causa problemas de salud que, subsecuentemente, llevan a las personas a poner fin a su vida y que fumar afecta la química del cerebro, causando tendencia al suicidio. Por su parte, la marihuana (por sí sola) no parece incrementar el riesgo.
Comparados con la población general, los ludópatas tienen una mayor ideación suicida y una mayor cantidad de intentos de suicidio. Entre el 12 y el 24% de los apostadores patológicos han intentado acabar con su vida. En las esposas de los ludópatas, la tasa de suicidio es tres veces mayor en comparación con la población general. Otros factores que incrementan el riesgo en ludópatas son las enfermedades mentales y el abuso de sustancias.
Existe una asociación entre las tendencias suicidas y problemas de salud como el dolor crónico, el traumatismo craneoencefálico, el cáncer, la insuficiencia renal (con necesidad de hemodiálisis), el sida y el lupus eritematoso sistémico. El diagnóstico de cáncer duplica el subsecuente riesgo de suicidio. En Japón, los problemas de salud son registrados como la principal razón de suicidio.
Por otra parte, trastornos del sueño como el insomnio o la apnea del sueño son también factores de riesgo para depresión y suicidio. En algunos casos, los trastornos del sueño pueden ser un factor de riesgo independiente para la depresión. Otras condiciones médicas pueden presentarse con síntomas similares a los trastornos del estado de ánimo, incluyendo el hipertiroidismo, el Alzheimer, los tumores cerebrales, el lupus eritematoso sistémico y efectos adversos de ciertos fármacos (como beta bloqueadores y esteroides).
Ciertos estados psicológicos pueden incrementar el riesgo de suicidio: desesperanza, anhedonia, depresión y ansiedad. También influye una pobre capacidad de resolver problemas, pérdida de capacidades que antiguamente se tenían y poco control de los impulsos. En adultos mayores, es importante la percepción de ser una carga para otras personas. El suicidio producto de una «pobre integración a la sociedad» se denomina «».
Diversos estreses de la vida, como la pérdida de un familiar o amigo, de un trabajo o el aislamiento social (como el vivir solo), incrementan el riesgo de suicidio. Asimismo, las personas que nunca se han casado tienen un riesgo mayor. Al contrario, el ser religioso puede reducirlo. Lo anterior se ha atribuido a las percepciones negativas de muchas religiones sobre el suicidio y a la interrelación que la religión puede proveer.
Algunas personas optan por el suicidio para escapar de situaciones como el acoso escolar o el prejuicio. Un historial de abuso sexual infantil y de acogidas temporales son también factores de riesgo. Se cree que el abuso sexual contribuye con alrededor del 20% del riesgo total. Desde un punto de vista evolutivo, una explicación del suicidio es que este ayuda a la eficacia biológica inclusiva, lo que ocurre si el suicida es una persona que no puede tener más hijos, por lo que, al suicidarse, evita robar recursos necesarios a sus parientes. Una objeción a esta teoría es que las muertes de adolescentes sanos no ayudan a la eficacia biológica inclusiva.
La pobreza también está relacionada. El incremento de la pobreza relativa, en comparación con las personas que rodean al individuo, incrementa el riesgo. Cerca de 200 000 granjeros en la India se han suicidado desde 1997 debido, en parte, a problemas financieros. En China, el suicidio es tres veces mayor en las regiones rurales. Se cree es debido, parcialmente, a las dificultades económicas en estas áreas del país.
Algunos estudios correlacionan las crisis económicas con el aumento de muertes por suicidio. Un estudio encontró que cada punto de aumento en el desempleo está asociado con un aumento del 0.79% en las tasas de suicidio en personas menores a 65 años de edad. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, los problemas mentales, la ingesta excesiva de alcohol y el suicidio se incrementan durante las recesiones económicas. El suicidio es más común en zonas de alta carencia socioeconómica, fragmentación social y desempleo, por lo que la protección social es fundamental en la aminoración de los problemas mentales durante las crisis económicas. Según datos de países europeos, el desempleo no incrementa las tasas de suicidio si el gasto anual en programas de bienestar social es mayor a 190 dólares por persona.
Los medios de comunicación, como el Internet, son importantes factores de riesgo. La forma en que se describe el suicidio, con una prominente y repetitiva cobertura de alto volumen que lo glorifica e idealiza, tiene un efecto negativo. Cuando se realizan descripciones detalladas de un método de suicidio, el uso de este método puede incrementar en la población.
Lo anterior desencadena el denominado efecto Werther, que toma su nombre del protagonista de la novela "Las penas del joven Werther" de Johann Wolfgang von Goethe, cuyo suicidio fue emulado por varios admiradores del libro. El riesgo es mayor en adolescentes, que pueden propender a idealizar la muerte. El efecto contrario, el propuesto efecto Papageno, en el que la cobertura de estrategias de afrontamiento efectivas pueden tener efectos preventivos, se basa en el nombre del personaje de "La flauta mágica" de Wolfgang Amadeus Mozart, que, temiendo la pérdida de una persona querida, planea suicidarse hasta que es auxiliado por sus amigos. Cuando los medios de comunicación siguen las directrices recomendadas, el riesgo de suicidio puede disminuir. Sin embargo, obtener apoyo de la industria puede ser difícil, especialmente a largo plazo.
En algunos casos, los usuarios de las plataformas de redes sociales pueden experimente presión social para suicidarse, idealizar a quienes lo hayan hecho y acordar pactos suicidas. Por ejemplo, en 2008, un foro japonés se compartió información sobre la posibildad de suicidarse con ácido sulfhídrico. Poco después, 220 personas intentaron suicidarse de esa forma, de ellos, en 208 fue un intento exitoso. Por su parte, Biddle et al. (2008), llevaron a cabo la búsqueda sistemática de doce términos relacionados con el suicidio, como «suicidio», «métodos de suicidio», «¿cómo suicidarse?» y «los mejores métodos de suicidio», para analizar los resultados. Encontraron que, dentro de los primeros resultados obtenidos, aparecían sitios pro suicidio y salas de chat en donde se discutían temas generales relacionados con el suicidio.
El suicidio racional es el suicidio «fríamente decidido por una persona que recibe los adecuados cuidados paliativos y apoyo moral para su enfermedad». El acto de, deliberadamente, provocarse la muerte en beneficio de otras personas es denominado «suicidio altruista». Un ejemplo es el suicidio de una persona mayor para dejar una mayor cantidad de alimentos a las personas más jóvenes de la comunidad. En algunas culturas esquimales, el suicidio es visto como un acto de respeto, coraje o sensatez.
Por otra parte, el ataque suicida es una acción política en la que uno o varios atacantes llevan a cabo un ataque violento contra otros individuos en el entendimiento de que el resultado será su propia muerte. Algunos son motivados por el deseo de convertirse en mártires. Asimismo, las misiones kamikaze son llevadas a cabo como un deber a una causa superior o una obligación moral. El homicidio-suicidio es el acto en el que un homicidio es sucedido en menos de una semana por el suicidio del homicida.
Comúnmente, el suicidio colectivo se realiza bajo presión social en comunidades donde los miembros ceden su autonomía a un líder. Por su parte, cuando dos personas acuerdan quitarse la vida al mismo tiempo se denomina «pacto suicida». En situaciones extenuantes, donde continuar con la vida se vuelve intolerable, algunas personas optan por el suicidio como un método de escape. Algunos presos de los campos de concentración nazis se suicidaron al tocar las vallas electrificadas.
Los métodos de suicidio más comunes varían por país. No obstante, entre los más utilizados están el ahorcamiento, el envenenamiento por pesticidas y el disparo con arma de fuego. Se cree que las diferencias en los métodos se deben, en parte, a su disponibilidad. En una revisión de 56 países se encontró que el ahorcamiento era el método más utilizado en la mayoría, sumando el 53% de suicidios en hombres y 39% en mujeres.
A nivel mundial, 30% de los suicidios son realizados por medio de pesticidas. Sin embargo, el uso de este método varía marcadamente del 4% en Europa a más del 50% en el Pacífico. También es comúnmente utilizado en Latinoamérica, debido al fácil acceso a los pesticidas en las poblaciones agrícolas. La sobredosis es motivo de aproximadamente dos tercios de los suicidios en mujeres y un tercio en hombres. Muchos no son planeados y ocurren durante periodos de ambivalencia. Igualmente, la tasa de mortalidad varía según el método: arma de fuego 80-90%, ahogamiento 65-80%, ahorcamiento 60-85%, tubo de escape 40-60%, salto 35-60%, quema de carbón 40-50%, pesticidas 6-75% y sobredosis de medicamentos 1.5-4%. Los métodos más empleados para el intento de suicidio y para el suicidio exitoso también son diferentes; cerca del 85% de los intentos de suicidio en el mundo desarrollado se realizan por sobredosis.
En China, el método más común es el envenenamiento por pesticidas. En Japón, aunque todavía se practica el harakiri, el método más común es el ahorcamiento, al igual que en Suiza. El salto desde alguna altura es común en Hong Kong y Singapur, involucrado en el 50 y 80% de los suicidios, respectivamente. En Estados Unidos, el 57% de los suicidios involucra un arma de fuego, método un poco más común en hombres que en mujeres, seguido del ahorcamiento en hombres y el envenenamiento en mujeres.
No existe una fisiopatología unificadora de la depresión o el suicidio. Sin embargo, se cree son resultado de la interacción de factores socioambientales, psiquiátricos y de comportamiento. Los niveles bajos del factor neurotrófico derivado del cerebro (FNDC) están directamente asociados con el suicidio e indirectamente asociados con el trastorno depresivo mayor, el trastorno de estrés postraumático, la esquizofrenia y el trastorno obsesivo compulsivo. En diversas autopsias han encontrado niveles bajos del FNDC en el hipocampo y en la corteza prefrontal en personas con condiciones psiquiátricas y sin ellas. Se cree que en los suicidas los niveles de serotonina se encuentran bajos, lo que se basa, parcialmente, en el hallazgo en autopsias de niveles incrementados de receptores 5-HT2A. Asimismo, otras pruebas han encontrado niveles reducidos de ácido 5-hidroxindolacético en el líquido cefalorraquídeo. No obstante, evidencias directas son difíciles de reunir. También se cree que la epigenética participa en la determinación del riesgo de suicidio.
La prevención del suicidio abarca los esfuerzos colectivos encaminados a reducir la incidencia del suicidio por medio de medidas preventivas. Una forma de reducir el riesgo es limitar el acceso a ciertos métodos, como las armas de fuego y venenos. Otras medidas incluyen: reducir el acceso a carbón vegetal y barreras en puentes y plataformas del metro. También puede ser efectivo el tratamiento de adicciones, como al alcohol o a las drogas, enfermedades, como la depresión, y de personas con intentos de suicidio previos. Se ha propuesto reducir el acceso a alcohol como una estrategia preventiva (así como reducir el número de bares). A pesar de que las líneas de crisis son comunes, existe poca evidencia que apoye o refute su efectividad. En adultos jóvenes con pensamientos suicidas, la terapia cognitivo-conductual puede ayudar a mejorar los resultados. El desarrollo económico por medio de su habilidad de reducir la pobreza puede ser capaz de reducir las tasas de suicidio. También pueden ser efectivas las medidas que incrementen la conexión social, especialmente en hombres adultos mayores. El Día Mundial para la Prevención del Suicidio se celebra cada 10 de septiembre con el apoyo de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio y la Organización Mundial de la Salud.
Diversos tratamientos pueden reducir el riesgo en personas con problemas mentales. Los pacientes con un mayor riesgo de suicidio pueden ser ingresados, voluntaria o involuntariamente, en una unidad psiquiátrica. Comúnmente les son removidas las pertenencias que puedan utilizar para autolesionarse. Algunos médicos hacen que los pacientes firmen un «contrato de no suicidio», por medio del que se comprometen a no autolesionarse si son dados de alta. No obstante, no hay evidencias que demuestren un efecto significativo de esta práctica. Si la persona no está en alto riesgo, se pueden llevar a cabo tratamientos psiquiátricos para pacientes externos. Asimismo, no se ha confirmado que las hospitalizaciones a corto plazo sean más efectivas que la ayuda comunitaria en personas con trastorno límite de la personalidad (TLP), que son suicidas crónicos.
Hay evidencia tentativa que señala que la psicoterapia, específicamente la terapia dialéctica conductual, reduce la tendencia suicida en adolescentes y en personas con TLP. También puede ser útil en reducir los intentos de suicidio en adultos en alto riesgo. Sin embargo, no se ha encontrado evidencia que demuestre una disminución en suicidios completados. Hay controversia en torno a las ventajas en comparación con los daños de los antidepresivos. En jóvenes, los antidepresivos como los ISRS parecen aumentar el riesgo de suicidio de 25 sobre 1000 a 40 sobre 1000. En contraste, en adultos pueden reducir el riesgo. El litio puede ser efectivo para reducir el riesgo en personas con trastorno bipolar y depresión clínica a niveles similares a los de la población general. Además, la clozapina puede reducir los pensamientos suicidas en algunos pacientes con esquizofrenia.
Aproximadamente entre 0.5 y 1.4% de las personas fallecen por suicidio, una tasa de mortalidad de 11.6 por cada 100 000 personas cada año. En 2013, el suicidio fue la causa de muerte de 842 000 personas, en comparación con las 712 000 que fallecieron por esta razón en 1990. Principalmente en el mundo desarrollado, las tasas de suicidio se han incrementado un 60% entre la década de 1960 y el 2012. A nivel mundial, entre 2008 y 2009, el suicidio fue la décima causa de muerte más importante. Por cada suicidio completado hay entre 10 y 40 intentos.
Las tasas por cada 100 000 habitantes en 2012 fueron: Australia 10.6, Canadá 9.8, China 7.8, India 21.1, Reino Unido 6.2, Estados Unidos 12.1 y Corea del Sur 28.9. En 2009, fue la décima causa de muerte en los Estados Unidos, con aproximadamente 36 000 casos anuales y con 650 000 ingresos a hospitales por intento de suicidio. Por su parte, Guyana, Corea del Sur, Sri Lanka y Lituania tienen las tasas más altas del mundo. Los países con los números absolutos más altos son China e India, con aproximadamente la mitad del toda. En China, el suicidio es la quinta causa de muerte. En Latinoamérica, las mayores tasas son las de El Salvador (13.6), Bolivia y Chile (12.2), Uruguay (12.1), Cuba (11.4) y Argentina (10.3).
En el mundo occidental, los hombres fallecen por suicidio cuatro veces más que las mujeres, aunque las mujeres lo intentan cuatro veces más que los hombres. Lo anterior puede ser atribuido a que los hombres utilizan métodos más letales. Esta diferencia es incluso más pronunciada en personas de 65 años o más, donde un décuplo de hombres comete suicidio por cada mujer. China tiene uno los índices de suicidio femenino más altos del mundo y es el único donde este es mayor al de los hombres.
En el Mediterráneo oriental, las tasas de suicidio son casi equivalentes entre ambos géneros. La mayor tasa de suicidio femenino es la de Corea del Sur (22 por cada 100 000 habitantes). En parte debido a la estigmatización y la depresión resultante, las personas que se identifican con un género distinto del que le asignaron al nacer se encuentran en alto riesgo de suicidio.
En muchos países, las tasas de suicidio son mayores en la mediana y tercera edades. No obstante, el número absoluto de suicidios más alto se encuentra entre los 15 y 29 años, dada la cantidad de personas pertenecientes a este grupo de edad. En los Estados Unidos, la tasa es mayor en los hombres caucásicos mayores de 80 años, aunque las personas más jóvenes lo intentan más frecuentemente. Es la segunda causa de muerte más común en adolescentes. En hombres jóvenes en el mundo desarrollado, el suicidio es causa de aproximadamente 30% de las muertes. Las tasas en los países desarrollados son similares, pero constituye una pequeña proporción del total de muertes debido a que otros tipos de traumatismos tienen mayores tasas de mortalidad. En contraste con otras áreas del mundo, en el Sudeste asiático son más comunes las muertes por suicidio en mujeres jóvenes que en mayores.
En la antigua Atenas, las personas que se suicidaban sin la aprobación del Estado no podían recibir los honores de un entierro normal. El suicida era enterrado sin asistencia en los alrededores de la ciudad, sin lápida sepulcral o algún marcador. Sin embargo, el suicidio era considerada una forma de mantener el honor o evitar la humillación. En la antigua Roma, aunque fue inicialmente permitido, más tarde, por su práctica entre los esclavos, fue juzgado como un crimen contra el Estado debido a sus costos económicos. En la Europa Cristiana pasó a ser estimado como un pecado y fue condenado en el Concilio de Arlés de 452 como una obra de Satanás, además los suicidas eran excomulgados. En Francia se tomaron fuertes medidas en relación al suicidio: el cadáver del suicida era arrastrado por las calles, cabeza abajo y, luego, arrojado o colgado de una pila de basura. Asimismo, las pertenencias del fallecido eran confiscadas.
Durante el Renacimiento, la actitud contra el suicidio comenzó a cambiar. "Biathanatos" de John Donne contenía las primeras defensas modernas del suicidio. En su obra, Donne sugiere que el suicidio «no es contrario a las leyes de la naturaleza, la razón o Dios». Además señala la falta de condena al suicidio de figuras bíblicas e incluso presenta algunas circunstancias en las que «la razón recomienda el suicidio».
La secularización de la sociedad comenzó durante la Ilustración, que cuestionó las actitudes religiosas tradicionales contra el suicidio y se presentó una perspectiva más moderna del asunto. David Hume negó que el suicidio fuera un crimen ya que no afecta a ninguna persona y era, potencialmente, para beneficio del individuo. En sus "Ensayos sobre el Suicidio y la Inmortalidad del Alma" de 1777, Hume asegura que «Un hombre que se retira de la vida no hace daño alguno a la sociedad; lo único que hace es dejar de producirle bien. Y si esto es una ofensa, es, ciertamente, de la más modesta especie». 
Para el siglo XIX, en Europa el suicidio pasó de considerarse causado por un pecado a ser causado por la locura. Por otra parte, se convirtió en el objetivo de comentarios satíricos, como el de "El Mikado", musical de Gilbert y Sullivan, que ironizaba sobre la idea de ejecutar a alguien que se había suicidado. En 1879, la ley inglesa comenzó a distinguir entre suicidio y homicidio, aunque el suicidio resultaba en pérdida de los derechos hereditarios. En 1882, Inglaterra permitió al suicida recibir un entierro durante las horas de luz. Y para mediados del siglo XX, se descriminalizó el suicidio en la mayor parte de los países occidentales.
En la gran mayoría de los países occidentales, el suicidio no es un crimen. Sin embargo, en algunos países musulmanes, todavía es considerado como tal. Aunque en Australia el suicidio no es un delito, es castigado el incitar, aconsejar o auxiliar el suicidio de otra persona. Además, explícitamente se permite el uso de «tanta fuerza como sea necesaria» para evitar que se complete el suicidio. Entre 1996 y 1997, en el Territorio del Norte fue legal el suicidio asistido por médicos.
En la actualidad, ningún país europeo castiga el suicidio o su intento. En Inglaterra y Gales se descriminalizó el suicidio por medio del Acta del Suicidio de 1961, mientras que la República de Irlanda lo hizo en 1993. En la India, el suicidio era ilegal y la familia del suicida podía enfrentar problemas legales. Sin embargo, en 2014, el Gobierno de la India derogó esa ley. En Alemania, la eutanasia activa es ilegal y todas las personas presentes al momento del suicidio pueden ser procesadas por omisión de auxilio.
Por su parte, Suiza legalizó el suicidio asistido en pacientes enfermos mentales crónicos. La Corte Suprema de Lausana, en una resolución de 2006, garantizó el derecho de una persona con un largo historial de dificultades psiquiátricas a poner fin a su vida. En los Estados Unidos, el suicidio no es ilegal pero puede acarrear sanciones para las personas que lo intenten. El suicidio asistido es legal en el estado de Washington para personas con enfermedades terminales. En Oregón, los pacientes terminales pueden solicitar medicamentos para acabar con su vida. A los canadienses que han intentado suicidarse se les puede impedir el acceso a los Estados Unidos. La ley estadounidense permite a los guardias fronterizos impedir el acceso a enfermos mentales y personas con intentos previos de suicidio.
En España y Latinoamérica el suicidio no es un delito, pero sí se castiga su facilitación o instigación por parte de terceros. El artículo 143 del Código Penal español reza que «[e]l que induzca al suicidio de otro será castigado con la pena de prisión de cuatro a ocho años».
Por su parte, Bolivia considera ilegal el homicidio piadoso. El artículo 257 de su Código Penal señala que «[s]e impondrá la pena de reclusión de uno a tres años, si para el homicidio fueren determinantes los móviles piadosos [...]». Igualmente, en Colombia se castiga con dos a seis años de prisión al que «induzca a otro al suicidio» o «le preste una ayuda efectiva para su realización», mientras que «[c]uando la inducción o ayuda esté dirigida a poner fin a intensos sufrimientos» la pena se reduce a uno o dos años. En Costa Rica, El Salvador, Paraguay y Perú también está penalizado el homicidio por motivos piadosos. En contraste, el artículo 37 del Código Penal de Uruguay destaca que, en casos de homicidio piadoso, «[l]os Jueces tiene la facultad de exonerar de castigo al sujeto de antecedentes honorables, autor de un homicidio, efectuado por móviles de piedad, mediante súplicas reiteradas de la víctima». Asimismo, aunque en México la eutanasia activa y el instigar o facilitar el suicidio son ilegales, desde 2008 se permite a pacientes terminales rechazar medicación o tratamientos médicos que busquen mantenerlo con vida —eutanasia pasiva—.
En la mayoría de las formas de cristianismo, el suicidio es considerado un pecado, en gran parte debido a los escritos de influyentes pensadores del Medioevo, como Agustín de Hipona y Tomás de Aquino. No obstante, el suicidio no fue considerado pecado en el "Corpus iuris civilis". En la doctrina católica, los argumentos en contra se basan en el mandamiento «No matarás», así como en la idea de que la vida es un regalo de Dios que no debe ser desdeñado y que el suicidio va contra el «orden natural» y por lo tanto interfiere con el plan maestro de Dios para el mundo. Se cree que las enfermedades mentales o el temor al sufrimiento reduce la responsabilidad del suicida. No obstante, un gran número de suicidios de seguidores de Dios no son condenados en la Biblia. En esos pasajes, no se parece considerar el suicidio como un pecado grave.
Para el judaísmo, la vida es sagrada y condena el hecho de acortar la vida. Para esta religión, el suicidio es un acto criminal, incluso los suicidas son considerados como homicidas, y un delito grave, dado que implica «negar que la vida sea un regalo divino» y porque «constituye un desafío a la voluntad de Dios». Igualmente, las religiones islámicas son contrarias al suicidio. El Corán lo prohíbe al señalar que «no te matarás o destruirás». Por su parte, el Hadiz agrega que el suicidio individual es ilegal y un pecado. Además existe un estigma asociado con el suicidio en los países islámicos.
En el hinduismo, el suicidio está, generalmente, prohibido, dado que «interrumpe la sincronización del ciclo de muerte y renacimiento». No obstante, el hinduismo acepta el derecho de las personas a poner fin a su vida por medio del ayuno, denominado "Prayopavesa", que no es considerado suicidio dado que es una práctica no violenta y natural y aceptada solo bajo ciertas circunstancias. El satí, la autoinmolación llevada a cabo por viudas, fue una práctica común en la sociedad hindú durante la Edad Media.
Diversas preguntas han surgido en torno a la filosofía del suicidio, incluyendo qué constituye un suicidio, si el suicidio puede ser una elección racional y la permisividad moral del suicidio. Los argumentos relacionados a la aceptabilidad del suicidio en términos morales y sociales varían desde posturas que lo consideran intrínsecamente inmoral e inaceptable bajo cualquier circunstancia, hasta otras que lo consideran un derecho de cualquier persona que crea que, racional y concienzudamente, tomó la decisión de finalizar la vida, incluso si son jóvenes y saludables.
Entre los oponentes al suicidio se encuentran Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Immanuel Kant y, podría decirse, John Stuart Mill —el enfoque de Mill en la importancia de la libertad y autonomía implica su rechazo a decisiones por las cuales se impida a las personas tomar futuras decisiones autónomas—. Otros filósofos ven el suicidio como materia legítima de las decisiones personales. Quienes apoyan estas posiciones sostienen que nadie debe ser obligado a sufrir, particularmente de condiciones como enfermedades incurables o mentales y la vejez. Además, rechazan la creencia de que el suicidio es siempre irracional, argumentando que puede ser un último recurso válido para aquellos que enfrentan dolor o traumas duraderos. Una postura más fuerte argumentaría que a las personas se les debería permitir elegir, de forma autónoma, morir independientemente de si están sufriendo. Entre quienes apoyan esta posición se encuentran David Hume y Jacob Appel.
El sociólogo francés Émile Durkheim en su obra "Le suicide" (1897), señala que los suicidios son fenómenos individuales que responden esencialmente a causas sociales. Este acto se define como «todo caso de muerte que resulte, directamente o indirectamente, de un acto, positivo o negativo; realizado por la víctima misma, sabiendo ella que debía producir este resultado». Para Durkheim, el suicidio «es el resultado de la fortaleza o la debilidad del control de la sociedad sobre el individuo».
Durkheim define cuatro tipos de suicidio:
Según Rodríguez Pulido "et al." (1990), las conclusiones más relevantes de la obra de Durkheim son: que el individuo se suicida porque la sociedad a la que pertenece ha perdido su cohesión y que la religión «ejerce una acción profiláctica sobre el suicidio porque constituye una sociedad». En contraste, los críticos a su obra han señalado: que la realidad social no es independiente de las realidades individuales, que hay una tendencia a «extraer conclusiones mediante un análisis conceptual para demostrar las cosas» y que «[Durkheim] ajustó» los datos estadísticos y las ideas teóricas para «demostrar la validez de su proposición general».
Algunas culturas y subculturas han defendido el suicidio. El ejército japonés, durante la Segunda Guerra Mundial, animó y glorificó los ataques kamikaze, los ataques suicidas realizados por aviadores del Imperio contra los navíos aliados. La sociedad japonesa ha sido calificada de «tolerante del suicidio». Al realizar búsquedas en Internet de información relacionada con el suicidio, entre 11 y 30% de las páginas web pueden animar el suicidio y facilitar métodos para hacerlo. Varias personas realizan pactos suicidas en línea, tanto con amigos preexistentes o con personas recientemente conocidas en salas de chat o en foros. No obstante, el Internet puede ayudar a prevenir los suicidios al proveer un grupo social a personas aisladas.
Algunos puntos de referencia se han hecho conocidos para sus altos niveles de intentos de suicidio. Estos incluyen: el metro de Londres, el puente Nusle de Praga, el cabo Beachy de Eastbourne, el viaducto Principe Edward de Toronto, el Salto de Tequendama en Colombia, The Gap en Sídney, las cataratas del Niágara, el puente Golden Gate en San Francisco, el puente de Nankín sobre el río Yangtsé y el monte Mihara en Izu Ōshima. Para el 2010, el puente Golden Gate sumaba más de 1300 muertes por suicidio desde su construcción en 1937. En otros lugares se han construido barreras para evitar los suicidios, por ejemplo, la Torre Eiffel de París, el Empire State de Nueva York o el puente de la bahía de Sídney.
Durante los últimos días de la batalla de Saipán de 1944, miles de ciudadanos japoneses se suicidaron, algunos al saltar de los acantilados «Banzai» o «Suicide», temerosos de vivir bajo la ocupación estadounidense. Algo similar sucedió al año siguiente, el 8 de mayo de 1945; entre 700 y 1000 habitantes de Demmin, Alemania, se suicidaron ante la inminente llegada del Ejército Rojo. También durante la Segunda Guerra Mundial, al mariscal de campo alemán Erwin Rommel, acusado de participar en el atentado del 20 de julio, fue obligado a suicidarse bajo la amenaza de un juicio público (donde sería encontrado culpable y recibiría la pena de muerte) y de represaliar a su familia. El 18 de noviembre de 1978, 914 miembros del Templo del Pueblo se suicidaron tras tomar cianuro. Las huelgas de hambre de 1981, lideradas por Bobby Sands, resultaron en la muerte de 10 personas. La causa de muerte fue identificada por el forense como «inanición, autoimpuesta» en lugar de suicidio; la causa fue modificada a simplemente «inanición» en los certificados de muerte tras protestas de los familiares de los fallecidos.
Los científicos han sido incapaces de explicar si los animales son capaces de acabar conscientemente con sus propias vidas. Se han observado comportamientos suicidas en "Salmonella" que, en un intento de vencer a las bacterias rivales, activa una respuesta inmunitaria que también acaba con una parte de ellas. Las hormigas "Forelius pusillus" también llevan a cabo una defensa suicida: cada tarde, un pequeño grupo de hormigas abandona la seguridad del nido y cierra la entrada desde afuera.
Ciertos tipos de parásitos inducen cambios o incluso comportamientos suicidas en sus huéspedes. Cuando es amenazado por un coccinélido, el "Acyrthosiphon pisum" puede explotar, esparciendo y protegiendo a otros de su misma especie y, algunas veces, matando al depredador. Ciertas especies de termitas también explotan, produciendo una secreción pegajosa a manera de defensa. Aunque existen reportes anecdóticos de perros, caballos y delfines suicidas, hay poca evidencia conclusiva. En este sentido, existen pocos estudios científicos sobre el suicidio en animales.